Educacion Trasmitida

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jueves, 15 de noviembre de 2012

Por Caridad

Por caridad Cuando los policías y yo entramos en la habitación matrimonial, solo había dos cuerpos, él con un balazo en el corazón y ella colgaba del techo amarrada con una soga. Liza Merced era una joven apasionada. Un día fue a la casa de la playa que tenía su padre. Sentada en la arena mirando el mar, se le acercó un joven de buena presencia y se presentó como Bruno Torres, se gustaron desde ese día. Ella lo tuvo todo, un capricho suyo era una orden para su padre. El acaudalado señor no aceptaba al joven por que este no tenía los recursos económicos suficientes para mantener la vida opulenta a la que estaba acostumbrada su hija. Al ver que el rico señor no aceptaba su relación, la joven recurrió al chantaje y al llanto hasta que Don Ricardo dio su aprobación para la boda. Tuvieron una boda como su posición social exigía y una luna de miel maravillosa… Los primeros tres meses la joven pareja vivían un amor intenso y pasional, pero un día todo cambio, cuando Bruno supo que su esposa tenía una enfermedad en la matriz la cuál no le permitía tener hijos, empezó a ausentarse en la casa, llegaba tarde y no compartía en la mesa con la familia pues siempre estaba ensimismado. Ella empezó a celarlo con todas las mujeres que se le acercaban, se le aparecía en el trabajo y hasta llegó a celarlo con su propia madre. Una noche, cansada de tanta amargura y humillación, buscó una cuerda, la amarró al techo y espero a su esposo con un revólver en la mano. Bruno había pensado toda la tarde en como le daría la noticia a su esposa. Era una decisión importante para su matrimonio y sería para el bien de los dos. Llevaba los documentos en la mano, entró en la habitación y en vez de recibir un fuerte abrazo o un fuerte grito como sucedía todos los días, ella sacó el revolver que estaba escondido en su espalda y le dio un tiro en el corazón. Bruno dio tres pasos hacia el frente calló al suelo, se despidió con un “te amo” y murió. Liza, llena de dolor escribió una carta y luego la dejó encima de la mesa de noche. La carta decía así; Espérame amor mío, que me falta poco. Esta noche se siente fría sin ti. Las personas dirán que es una noche de muerte, yo lo recordaré como una noche de entrega, nuestro amor se ha consumado. No podía permitir que suspiraras por otra, tocaras a otra, pensaras en otra, porque tú me perteneciste en vida y me pertenecerás en la muerte. En esta noche, llena de sangre y pasión me despido del mundo y me llevo a mi amado conmigo. Nacimos para estar juntos y moriremos juntos, es mandato divino y así lo haremos. Le doy gracias a Dios por ponerte en mi camino y me despido de este mundo. En esta cuerda pongo mi cuello y en ella dejo sufrimientos que tú amado mío causaste. La muerte es nuestro comienzo. Liza M. Los enterramos juntos, pues así lo quiso ella. Días después de la muerte pasional de Liza y Bruno, tocaron a la puerta. Yo, como soy el mayordomo, estaba a cargo de la casa pues el señor Ricardo Merced no estaba en ella. Cuando abrí la puerta vi a una monja, la lleve a la sala y le ofrecí una bebida para refrescarse. Luego le pregunté el motivo de su visita, ella me explico que era la encargada de una Casa Hogar para niños abandonados y maltratados. Me dijo que el señor Bruno Torres se quedaba todos los días hasta muy tarde en la Casa Hogar porque estaba evaluando a todos los niños pues quería adoptar a uno porque su esposa no podía quedar embarazada. La última vez que lo vio se había llevado los documentos para la adopción y estaba muy ansioso por darle la noticia a su esposa. La monja vino a la casa a recoger los documentos y a darle a la feliz pareja las gracias por tan linda Caridad. Fin

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